Prevención del delito
Fecha: 2017-10-24

¡Atención familias!, México las necesita.

En nuestro país, México, existen distintas políticas públicas para la prevención del delito, sin duda alguna de estas políticas contribuyen a la detección, sanción y disminución, sin embargo, en su gran mayoría se encuentran dirigidas a evitar algún delito, por ejemplo, no hace mucho tiempo que se invitó a la ciudadanía a intercambiar sus armas por algún aparato electrodoméstico, seguramente esta acción disminuyó el número de delitos, pero no fue suficiente. Otras de las acciones que han implementado los gobiernos, municipales, gubernamentales o federales, es la participación de la ciudadanía en consejos que tienen el objetivo de involucrar a los distintos actores de la sociedad  para  favorecer los procesos de comunicación y difusión de las acciones implementadas e incluso con el fin de generar nuevas políticas para que sean consideradas y se conviertan en programas de gobierno que contribuyan con la paz y tranquilidad en la sociedad.

Al escuchar, leer y ver la infinidad de acciones, iniciativas y políticas públicas, que en los distintos órdenes de gobierno se han desarrollado a lo largo de la última década, surge el cuestionamiento si se tiene identificada la causa natural del origen del delito en sus diferentes vertientes. El delito y la delincuencia en nuestro País, Estado o Municipio, tienen un origen, al que podemos ser indiferentes, pero definitivamente no podemos ignorar.  La delincuencia y el delito surgen de ausencia en la  formación y vivencia de valores, tanto en la  educación –familiar y/o formal-; el desempleo, no permite a los ciudadanos atender necesidades básicas como son casa, alimento y  salud.  Debemos estar conscientes que la educación y el trabajo dignifica a la persona y, son las herramientas más factibles para erradicar la pobreza y las carencias que existen,  evitando en buena medida la consecución del delito.

Pero qué es lo que sucede, que aun creando fuentes de empleo y acercando la educación formal a muchos rincones de México, sigue existiendo la delincuencia y, por qué no decirlo, se percibe como si en lugar de disminuir se acrecentara, ¿es entonces la falta de fuentes de empleo y  la educación  la que hace falta? o ¿requerimos mejores políticas para la administración de la educación y la generación de empleo? Si los gobiernos han invertido y trabajado en ello, por qué continúan registrándose un sin número de delitos: asaltos, asesinatos, accidentes provocados por robos en los gasoductos, robos de identidad, delitos cibernéticos, entre otros, resultado del aumento de estrategias para delinquir. ¿Qué hemos hecho mal como sociedad y gobierno?

Contundentemente me permito afirmar que, la prevención del delito inicia en el hogar, en el núcleo de la familia. Anteriormente la formación de valores era una prioridad de los padres, en el centro de la familia se fomentaba la honestidad el respeto, la honorabilidad.  La palabra empeñada tenía tal grado de honor, que valía más que la firma de un documento. ¿Qué pasó en los millones de hogares mexicanos?, ¿qué se perdió en las familias que la violencia se incrementó?, ¿acaso la violencia entró a los hogares y rompió la armonía y el amor que reinaba en ellos? o ¿la influencia masiva de los medios de comunicación y de la tecnología  a través de las redes sociales suplió la formación de los padres en los hijos? o quizá ¿la pérdida de los valores tradicionales se olvidaron y suplieron por políticas de defensa de los derechos humanos haciendo a un lado las obligaciones y responsabilidades, dándole armas a los hijos colocándose por encima de los padres?.

Muchos cuestionamientos pudiéramos hacernos y, sin duda, todos nos llevarán al reconocimiento de la importancia que tiene la formación y vivencia de los valores universales trascendentes en el seno familiar.  La familia como núcleo de la sociedad es quién la concentra y la fortalece, si se revienta de manera intencional o causal, a semejanza del núcleo del átomo,  es como generar una explosión nuclear, pero a nivel social, generando un cáncer que deriva en las adicciones, delincuencia e inestabilidad social.

Por tanto, si hablamos de prevención del delito,  la familia es la primera responsable de la formación de ciudadanos consientes y comprometidos con el bien común, es en las familias mexicanas en donde se debe trasmitir; el respeto, la honestidad, la responsabilidad, el bien común, el espíritu de servicio, la cortesía, el trabajo, en fin; es en la familia en donde se educa a seres aptos para convivir y buscar en esta convivencia el crecimiento y el fortalecimiento de sociedades involucradas y preocupas por la armonía y la paz.

Sin embargo,  no podemos engañarnos y concluir pensando que es en la familia o en la escuela donde termina esta prevención del delito, se requiere también contar con empleos y salarios dignos; así como servicios de salud y seguridad pública que le permitan a los hogares, la tranquilidad y la paz para formar y encaminar a los hijos para bien común y bienestar social.

Es responsabilidad de los gobiernos cuidar este núcleo social que es la familia, impulsando políticas públicas que la protejan como una institución social, y que las instituciones públicas de educación, de seguridad, de salud y economía participen complementariamente dando continuidad a estos valores universales siendo coherentes en el ser y en el actuar, evitando la corrupción y actuando con honorabilidad, responsabilidad, respeto y honestidad.

Si queremos  prevenir el delito tenemos que ocuparnos de formar ciudadanos íntegros, honorables y conscientes de su dignidad humana y de la dignidad de los demás, esto empieza en el núcleo familiar, se afianza a través de la educación formal y se protege coherentemente con la embestidura de las autoridades gubernamentales.

En conclusión, la mejor manera de prevenir el delito está, en apostarle a estos tres grandes sectores de los que hemos hablado: la familia, la educación formal –en todos los niveles- y el trabajo con salarios dignos, mediante un trabajo coordinado, honesto y responsable de sociedad y gobierno.

No es un sueño utópico del que estoy hablando, es una realidad que está al alcance de nuestras manos si nos decidimos trabajar juntos: familia, sociedad y gobierno. 

Mtra. Alma Verónica López López

Rectora del a UPB.

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